Problemática Social

El Peje y el PRD pisotean la fe católica de los mexicanos

Por mucho menos que este atentado los perreditas habrían armado escándalo y acusado penalmente a quien fuera

Por: Salvador Flores Llamas

 

 

La invasión de la catedral de México demostró que López Obrador y sus hordas no tienen empacho alguno para pisotear las creencias del pueblo católico de México, indica lo que habrían hecho si AMLO hubiera sido Presidente y confirma por qué Dios no les da alas a los alacranes, según reza el dicho popular.

El cardenal Norberto Rivera fue el destinatario predilecto de los ultrajes de Fernández Noroña.

 

Confirmó además que para el hitler totonaca no cuentan leyes ni instituciones ni el pueblo, y sólo invoca a éste para arrebatarle el voto para llegar al poder, pues no le importa buscar soluciones a los problemas ingentes del país, en especial a la pobreza de millones de compatriotas, aunque pregone que primero los pobres.

 

L. Obrador busca la ruina de México

El Peje creyó tener tan controlado al Cardenal Rivera, que –a más de un año- aún no digiere que él reconociera en Calderón al Presidente de México, tras de que el Tribunal Electoral emitió su fallo inapelable.

Lejos de mostrar dotes de estadista que busca el bienestar del país y su prestigio exterior; divide a los mexicanos y quiere ganar publicidad con gritos y escándalos, contra lo que estamos no sólo la inmensa mayoría que no compartimos sus ideas, sino también cada vez más izquierdistas, que en forma creciente día a día lo rechazan.

No hay que minimizar el acto de barbarie que consumaron sus fans en la Catedral, ni intentar envolver al pueblo con que es difícil dar con los responsables, pues instigadores y realizadores están a la vista. Todo indica que fue algo planeado, como otras profanaciones a la Catedral, por más que los perredistas se finjan inocentes, pues es costumbre persistente suya tirar la piedra y esconder la mano.

Por mucho menos que este atentado los perredistas habrían armado escándalo y acusado penalmente a quien fuera, pues capitalizan el menos indicio y aun de mentiras para denostar a sus opositores políticos. Y un ataque a lo más sagrado de los mexicanos lo magnificarían para pedir que rodaran cabezas y se cancelara el registro del partido al que ellos se lo imputaran. Aparte de las cuchufletas que les endilgarían sus bufones y voceros mediáticos.

En contraste, la Mitra, los católicos y el PAN enmudecieron.

Los primeros profanadores de la Catedral fueron Fernández Noroña y Jesusa Rodríguez, con sus irrupciones irreverentes al sacro recinto; hoy Rosario Ibarra de Piedra se enojó porque tocaron las campanas cuando ella hablaba.

Los profanadores materiales se ven claramente en los videos.

No se puede minimizar el acto de barbarie que consumaron sus fans en la Catedral.

 

 

¿Quiere el Peje otra Persecución Religiosa?

(Recuérdese que el Cardenal fue el destinatario predilecto de los ultrajes de Fernández Noroña, que tiro por viaje, armaba lío en la Catedral y se enfrentaba al Señor Arzobispo. Una vez, incluso, lanzó a sus pies un pedazo de lengua de animal, sin recato alguno. ¿Por qué no acepta ahora su culpa? Por su consabida hipocresía)

Que Ebrard no venga ahora con un dizque dispositivo para resguardar las joyas artísticas de la Catedral, si sólo debió reforzar su vigilancia, dados los actos vandálicos anteriores, y evitar que los esbirros de L. Obrador instigasen de nuevo a la chusma.

Hay también un hecho por demás significativo: L. Obrador no ha condenado el acto de barbarie, y ha habido tiempo de sobra para ello. Eso, en buen romance, indica que si no estuvo atrás de él, por lo menos le satisfizo. Pero como en su camarilla no se mueve una hoja del árbol sin su venia, eso lo hace el máximo responsable.

No salgan el PRD y Fernández Noroña con que se deslindan del hecho. Que al menos un día acepten sus provocaciones y no se digan inocentes, así demuestran no sólo que se burlan de la gente, sino se hacen más publicidad a sus costillas, en lo que se pintan solos.

Si es claro su desprecio a las leyes y las instituciones, que al menos respeten la fe del pueblo, los recintos sacros y sus ministros y que no provoquen otra confrontación o persecución religiosa, como en 1927-29, cuando miles de católicos tomaron las armas, al ver pisoteados sus templos y creencias, y caímos en un conflicto de consecuencias aún no bien estudiadas, y menos asumidas.

Por desgracia, no se dio la debida importancia al atentado. La Mitra quiso disminuirlo y un sacerdote disculpó al PRD, en vez de convocar a una protesta enérgica y a actos de desagravio. Sin razón culpó al Gobierno Federal por falta de seguridad del recinto sacro, pues el mitin era perredista y Marcelo Ebrard, al autorizarlo, debió prever –si es que no lo supo de antemano- lo que podía ocurrir.

 

Las cadenas y cerrojos puestos a la catedral, no mermaron la buena fe de la gente que durante varios días contempló atónita la puerta cerrada del sagrado recinto.

 

AMLO insiste en ser Presidente

No olvidemos que Obrador no quita el dedo del renglón de ser Presidente; pensar lo contrario es negar su evidente ambición. Así que no vale dormirse en los laureles y dejar pasar las cosas como si nada, y menos adoptar una postura cómplice. No vaya a ser que no quede más que lamentarnos, si él llegue al poder. Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente.

Si López Obrador está desesperado porque pierde terreno, es asunto suyo. Si es palpable que ya no puede traer tanto acarreado a sus pantomimas en el Zócalo, allá él. Si es inobjetable que llevó a la ruina electoral al PRD y que en Michoacán tuvieron que impedirle que fuera a hacer campaña, para poder ganar, eso no tenemos por que pagarlo todos los mexicanos.

Además hasta por su propio beneficio, debería imitar menos al dictador de Venezuela, que no cesa de insultar a gobernantes de otros países, debilitar los nexos diplomáticos y lanzarse contra los líderes religiosos porque se oponen a que se perpetúe en el poder.

Gritos e insultos nunca han sido el camino indicado para que haya armonía entre los hombres y las naciones. Bien lo dijo Benito Juárez: El respeto al derecho ajeno es la paz.

Está además el decir popular: El pez por su boca muere.

Sobre todo en México, dejemos ya de jugar con lumbre, pues en cualquier momento una chispa podría herir lo más recóndito del ser nacional y causar otra explosión de efectos impredecibles, que la inmensa mayoría de los mexicanos no deseamos.

 

Ya basta, López Obrador e incondicionales.

 

 


 

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