Editorial

 

Primer Balance del Presidente Felipe Calderón Hinojosa

 

En un primer balance de la gestión del presidente Calderón recordemos la incertidumbre del 30 de noviembre de 2006, sobre si podría rendir protesta; mientras Oaxaca padecía la violencia de la Appo desde ocho meses atrás.

La mañana del 1 de diciembre Felipe surgió sorpresivamente en la tribuna de la Cámara de Diputados, rindió la protesta legal y echó a tierra la maniobra de L. Obrador y su claque para declararlo ilegal, desestabilizar al país y pujar para que se le otorgara el cargo que la mayoría de los mexicanos le negamos.

Diputados panistas frenaron el bloqueo perredista a la tribuna del Congreso, ganó la estrategia del Estado Mayor Presidencial y los legisladores del PRI y del PAN, aliados, forjaron el quórum del acto constitucional.

Los operativos encabezados por el Ejército frenaron el avance del narcotráfico y las numerosas ejecuciones entre los delincuentes mostraron su efectividad, sobre errores maximizados por cómplices aliados encubiertos incluso en política, y quedó patente la decisión presidencial de velar por la seguridad en el país.

Calderón imprimió seriedad a su accionar, lejos de locuacidad e intemperancias anteriores, con la discreción como distintivo de la Primera Dama, ajena a toda veleidad o protagonismo políticos.

Enseñó su experiencia legislativa en acuerdos con el PRI para sacar adelante sus dos primeros presupuestos y reformar la Ley del ISSSTE, al que dio viabilidad financiera con tapar el barril sin fondo que significaba el sistema de pensiones.

Gracias a la oposición, la reforma fiscal no fue la esperada y sí condicionada a la electoral, que por desgracia dejó sin presidente y algunos consejeros al IFE, en una regresión democrática.

A la seriedad en la política interior siguió la revitalización de la política exterior, que enfrentó la negativa del Congreso de EU a la reforma migratoria, que propició una pérfida persecución de los ilegales y la erección del vejatorio muro fronterizo para disminuir su ingreso al país del norte.

La rauda acción presidencial en sitios azotados por desgracias llevó auxilios oportunos a los damnificados, planes de salvamento y para evitar emergencias futuras, capitalizados por funcionarios y políticos oportunistas, como en Tabasco a donde el gobierno del DF envió aportaciones de los capitalinos a municipios gobernados por el PRD para ser explotadas por L. Obrador, quien fue abucheado por sus paisanos en Villahermosa, la capital.

Felipe hizo lo mismo en Chiapas, junto con los gobernadores; como en otros estados que vivieron desastres anteriores.

Calderón se distingue por el respeto absoluto a las libertades, que unos gobernantes aprovechan para provocarle enfrentamientos o sacar raja para los candidatos de sus partidos. Lo primero se dio en el DF, lo otro en varios estados en beneficio sobre todo del PRI, que tornó a sus consabidas artimañas para recuperar posiciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin reconocer al Presidente, Ebrard tuvo el cinismo de pedirle el aval para la deuda de 44 mil millones que heredó de L. Obrador.

Luego tornó a atacarlo y evitó asistir a actos en que Calderón puso en marcha programas y obras favorables a la capital, como el plan hidráulico que evitará inundaciones mediante 36 mil millones, con la colaboración de los gobiernos de México e Hidalgo.

Por desgracia Felipe no tuvo todo el apoyo para promover el empleo como planeó. Mas logró avances, susceptibles de superar en cuanto pueda otorgar más seguridad y atractivos a inversionistas nacionales y externos, abrir PEMEX y la electricidad, conservando el control mayoritario y lejos de la mendaz cantaleta perredista de la privatización.

Fuerte rémora tuvo Calderón en el jefe nacional de su partido, Manuel Espino, que no contento con haber saboteado su campaña electoral e irse a España cuando el Peje alegó el inexistente fraude, se dio a atacarlo peor que sus enemigos políticos.

Eso y desatender las 14 campañas políticas de este año llevó al PAN a perder el gobierno de Yucatán, capitales estatales como Morelia, Aguascalientes y Ciudad Victoria, importantes urbes y la hegemonía en congresos locales, con serio retroceso que debilitó al partido para ganar la mayoría de la Cámara de Diputados en 2009, que Felipe requiere para empujar las reformas y planes legislativos con que impulse a México a superarse, según prometió.

Con colmillo político logró el voto mayoritario del Consejo Nacional que el pasado sábado 8 de diciembre ungió como jefe nacional del PAN a Germán Martínez, hechura suya, a quien nombró secretario de la Función Pública, cargo al que renunció para buscar el liderato sin oponente, pues Espino y sus alfiles se quedaron sin posibilidad alguna.

Tendrá Germán que delimitar la función partido-gobierno con apoyo racional, y zanjar la división que dejó Espino entre panistas, enfilarlos a los triunfos electorales, respaldar candidatos capaces y con valores y quizá cambiar a los coordinadores en las cámaras del Congreso por otros más aptos para la negociación política.

El bien de México aconseja no desatender las maniobras de L. Obrador y camarilla, que no cesan de torpedear al Presidente y ya están en campaña no sólo para 2009, sino para 2012, pues el Peje no quita el dedo del renglón de llegar a Los Pinos, de lo que Dios nos libre, y a los mexicanos bien nacidos compete poner el mejor esfuerzo para evitarlo.

 

 

 

 

 


 

 

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