Comentario Político

 

Cambio de Árbitro y de Reglas en el IFE

 

Pudieron más el encono y el revanchismo y Luis Carlos Ugalde ya no es presiden-te consejero del Instituto Federal Electoral (IFE). Mediante una negociación nada clara, los partidos mayoritarios representados en el Congreso de la Unión determinaron remover anticipadamente al árbitro de la contienda electoral del año 2006. Sobre los verdaderos motivos de esta decisión poco se sabe, pero hay quienes apuntan que se debió a dos argumentos básicos: su cercanía con la maestra Elba Esther Gordillo, presidenta del SNTE y priísta caída en desgracia, amén de su improbable inclinación por el triunfo de Felipe Calderón Hinojosa como presidente electo de México.

En su mensaje de despedida, Ugalde afirmó dejar el IFE contento y sin rencor, pero a la vez alertó sobre la posibilidad de que el organismo caiga en manos de la partidocracia como consecuencia de la reforma que se impulsa para darle otro giro, puesto que los legisladores actúan como titulares y propietarios del futuro de la democracia.

“Ahora que el Congreso mexicano discute una reforma electoral, es preciso que el ciudadano prevalezca sobre el interés de los partidos, sobre el interés de los medios y sobre el interés de los particulares. Hoy, para expandir los derechos ciudadanos, es preciso fortalecer la rendición de cuentas de los partidos frente a la sociedad, es decir, colocar a los ciudadanos como el actor principal de la democracia y no al revés: a los partidos como los principales beneficiarios de la democracia”, alertó en su mensaje de despedida.

Enfatizó que es difícil determinar el futuro del organismo, puesto que el golpe que le asestaron es de tal magnitud, que incluso le impida cumplir con sus funciones de tutelar de los derechos ciudadanos. “Sin independencia del IFE se rompe un equilibrio central entre partidos y ciudadanos, sin independencia del IFE el interés de los partidos se puede colocar sobre el interés de los ciudadanos.

“Cuando el interés de los partidos prevalece sobre el interés de los ciudadanos, se corre el riesgo de la partidocracia, cuando las reglas del juego protegen a los partidos y no a los ciudadanos, se corre el riesgo de la partidocracia”. Con esta advertencia, Ugalde dejó de ser presidente consejero del IFE.

La salida de Ugalde del IFE fue tan sorpresiva, como sorpresivo será el nombramiento de quien lo sustituya, tema que habremos de tocar en su oportunidad. Por el momento, tenemos el compromiso ineludible de escudriñar un poco en los vericuetos de una decisión que dejó estupefacto a más de un integrante de la sociedad mexicana.

Empezaríamos con una pregunta: ¿fue parcial la actuación de Ugalde durante la calificación de los comicios presidenciales del 2006? De aquí parte su desgracia. En su defensa argumenta que las condiciones de la elección fueron tan cerradas, que no quiso cometer el error de proclamar un vencedor sin contar con una certeza que avalara su postura.

En cambio, sus detractores aducen que manejó a su manera la contienda electoral, lo que permitió el ascenso de Felipe Calderón Hinojosa como presidente de México, dejando en el camino a un supuesto ganador, es decir, a Andrés Manuel López Obrador, quien todavía no se cansa de repetir que fue objeto de un fraude orquestado desde las altas esferas del poder.

Nadie puede afirmar con certeza que se haya producido un fraude electoral en el 2006, pero las circunstancias en que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación proclamó a Calderón Hinojosa como presidente electo, hacen entrever que los sufragios de ese año estuvieron empañados de factores negativos que a la fecha todavía lo hacen dudoso a la vista de muchos analistas.

Este elemento, más la decisión apresurada de remover a Ugalde de sus funciones, deja un amargo sabor de boca para México, que en definitiva no acaba de concretar su ansiado anhelo de consolidar su democracia.

Creemos que fue apresurada la decisión de apartar a Ugalde del IFE, dado que una sospecha no es prueba suficiente para zanjar diferencias. El único afectado en esta querella es el propio organismo, que así pierde de golpe y porrazo toda la credibilidad que había adquirido con el anterior Presidente Consejero.

A las preguntas sin respuestas agregaremos los pendientes en el interior del IFE: una exhaustiva investigación sobre los 281 mil spots de radio y televisión que hablaron de parcialidad en los sufragios del 2006; el destino de la destrucción de las boletas electorales de esa misma contienda; resoluciones sobre 500 quejas presentadas por los partidos en dichos comicios; un nuevo reglamento para homologar criterios sobre el nombramiento de dirigentes partidistas; y la norma para autorizar la creación de nuevos cuadros políticos.

Por lo visto, la tarea no es sencilla para el nuevo Presidente Consejero del IFE, de quien se esperan milagros. Nosotros solamente confiamos en que no esté arropado por un partido político, error que se cometió con Luis Carlos Ugalde, uno de los motivos de su separación del cargo.

Como sea, es un hecho consumado y en el corto plazo sabremos si los legisladores optaron por el mejor de los caminos. Nuestra conclusión es que este golpe afecta a las instituciones electorales del país, dado que si en el pasado no eran confiables, en el futuro tampoco existirá esa moción para ellas.

La democracia en México está herida de muerte y para que resurja de las cenizas en que ha sido condenada, hace falta que los actores centrales reconozcan el error en que incurren frecuentemente. Hacer experimentos con el árbitro electoral es como intentar modificar el sistema político mexicano cada seis meses.

 


 

 

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