Comentario Político

 

Pista de Hielo Como Acicate

 

Coloquialmente destacaremos que los habitantes de la ciudad de México contaron durante unos 40 días, del 1 de diciembre del 2007 a principios de enero del 2008, con dos noticias: una buena y una mala. La buena es que millones de capitalinos (esta frase se la atribuimos a los funcionario del Gobierno del Distrito Federal) contaron con una pista de hielo para su solaz diversión. La mala es que la cuesta de enero ya hizo de las suyas, porque la triste realidad de nueva cuenta nos asuela, con todo y la estela de inseguridad.

Marcelo Ebrard, el actual jefe de Gobierno perredista, sigue la misma escuela que sus antecesores: en un año de gestión solamente ha dado muestras de querer entregarle dádivas a los capitalinos. Inició con proyectos superficiales como la creación de playas artificiales para los ciudadanos que no cuentan con recursos para viajar a un destino turístico, después se concretó a expropiar terrenos donde supuestamente anidaban maleantes, pero no hizo nada para aprehenderlos o presentarlos ante la ley. Luego continuó apoyando a sus compañeros de bancada en la Asamblea Legislativa de Distrito Federal para crear leyes de convivencia, legalización del aborto, de la prostitución y del bien morir.

Así llegamos al final del 2007 con la noticia de que el GDF autorizaría la construcción de una pista de hielo en pleno Zócalo del Centro Histórico de la ciudad de México para que chicos y grandes, de todas las clases sociales, contasen con un espacio para dar rienda suelta a sus ansias de libertad.

Si analizamos con detenimiento la medida, la verdad es que no es tan descabellada. La única cuestión es que llega en momentos en que la ciudad de México sufre un virtual estado de sitio a manos de la delincuencia organizada, por mucho que las autoridades capitalinas insistan en que la inseguridad se ha abatido considerablemente y sus índices han disminuido.

La famosa pista de hielo costó 16 millones de pesos. Aducen los funcionarios capitalinos que esta cantidad fue aportada en su totalidad por la empresa Key Entertaiment, que a su vez buscó la colaboración de otras 22 firmas para abatir costos de promoción, mientras que el GDF erogó un millón de pesos semanales para su mantenimiento. Como sea, estamos hablando de entre cinco y seis millones de pesos que pudieron haber servido para una obra de mayor relevancia.

No se trata de cuestionar sucesivamente las acciones emanadas del gobierno perredista, simplemente hay que ser congruentes con nuestras decisiones. La ciudad de México padece desde muchos años de una ola de terror que ningún gobierno ha podido controlar. Cuauhtémoc Cárdenas ganó con justicia el derecho de encabezar por vez primera una Jefatura de Gobierno a través de los votos. La confianza que se le otorgó se fundó en que las sucesivas gestiones de los antiguos responsables del Departamento del Distrito Federal atacaron con frialdad los conflictos que hoy se han convertido en una verdadera agonía para los habitantes de la capital del país.

 

 

Sin embargo, las expectativas quedaron en eso. Cárdenas abandonó poco tiempo después su cargo para lanzarse en pos de la Presidencia de la República. Rosario Robles, su sucesora, buscó una imagen para destacar dentro del Partido de la Revolución Democrática y ni eso concretó porque su actuación se abocó a proteger a su amigo personal Carlos Ahumada, quien tejió una red de corrupción dentro del GDF.

Lo mismo hizo Andrés Manuel López Obrador: buscar ser abanderado presidencial por su partido y dotar a la capital de unos segundos pisos de concreto que no abonan nada al tráfico vehicular. No se diga de Alejandro Encinas, que se encargó por todas las vías legales e ilegales de tapar las deficiencias de su antecesor.

Ebrard es una muestra fehaciente de Cárdenas y López Obrador. No quiere saber nada de inseguridad, contaminación y falta de empleos. Con bastante antelación ya pelea por la candidatura de su partido, pero en el camino deja una grave problemática que de no atenderse puede llevar al caos a la ciudad y a sus habitantes.

Ningún alto funcionario se acuerda del ordenamiento del transporte urbano, de la grave situación en que ha desembocado la reubicación de los vendedores ambulantes, la nula creación de empleos, la basura, el drenaje profundo, los campamentos de inconformes, marchas, plantones y un largo etcétera que ya nadie atiende.

La inseguridad por ejemplo, sigue galopando a sus anchas ante la indiferencia e indolencia de las autoridades judiciales. La basura puede ser un foco rojo en poco tiempo porque el Bordo Poniente está a punto de concluir su vida útil y nadie se preocupa por construir el relleno sanitario que lo sustituya. A falta de empleos se regalan mil quinientos pesos mensuales a unos cuantos capitalinos que comprueben una falta temporal de empleo y así por el estilo iríamos enumerando las deficiencias en que han incurrido las autoridades del GDF.

Un dato más para quienes buscan elementos en qué basar su desánimo sobre los gobernantes emanados del PRD: el desarrollo del Distrito Federal ha crecido en los 10 años de gobiernos perredistas, pero por debajo de la media nacional y los factores de comportamiento de la economía no son atribuibles a ellos, sino con el entorno nacional e internacional, que han buscado acomodo en la ciudad de México para ampliar sus nichos de mercado.

Con estos datos precisos podemos afirmar que los gobiernos perredistas, más que una salvación, se constituyen en una maldición para los habitantes de la ciudad de México, puesto que omiten en su plataforma mecanismos para solventar la serie interminable de conflictos que ya asechan a los capitalinos, mismos que de no atenderse con oportunidad pueden traducirse en la mecha que encienda la pólvora el día de mañana.

 


 

 

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